7 ago. 2008

CANTARON EN EL CLINIC UN DIA.

AL PARECER, LA MUSICA NO LE INTERESA A NADIE. NI A MARIA, LA MUSICAL.

Esta columna iba a aparecer en el pasquín, pero no sé que pasó. Me imagino que no estaba tan buena. Aprovecho de publicarla acá.

LA ALEGRIA YA VIENE

Moraleja de hoy: Sexo drogas y rock and roll en nuestro país es una pésima mezcla.

Tengo una banda de rock. Tiro al aire. Toco batería.

Tocamos en algunos locales de punk en los 90, taloneando a Fiskales y Bbs Paranoicos.

En ese entonces yo ponía todo mi empeño creyendo que tarde o temprano todo el esfuerzo que significa acarrear el bombo, arrastrar los fierros por los pasillos de los locales sería recompensado con una vida de músico. Lo mismo que me imagino pensaban las bandas que merodean (Subradical, Insuficiencia Radial, Alternocidio, Vadca, Supersordo, entre millones). Buenas en general. Ruidosas y enojadas.

Es que llegada la democracia nos vendieron que todos tendríamos cultura y espacios. Que la cosa iba a funcionar.

¿Se supone que el foco central de estos tiempos sería la cultura, o no?

¿Cuanto pelotudo con zancos nos tuvimos que mamar? ¿Cuanto artista plástico, campañas del Sida ultra rebuscadas con mimos? ¿Acaso no recuerdan cuando nos vendían que una batucada era cultura?

No pasó nada.

Chile tiene una larga trayectoria de bandas que han sufrido el eterno letargo de ser músico en Chile. Un país que no perdona a los músicos y en que el que toca la guitarrita tiene dos chances: plata en la cuenta de ahorros o ser Bruno Diaz (en el dia una cosa, en la noche superhéroe).

Soy socio de la SCD, he ayudado a bandas en Viña, grabado tocatas de mierda, pseudos músico, trabajado en MTV, Via X, metido en sellos, mil video clips, que se yo. Incluso hice una película sobre los músicos de los ochenta.

¿Por qué en Chile no son ídolos? ¿Por qué los rockeros no pueden rockear?

O sea, lo más cercano que tenemos a una estrella del rock fue ultra castigada en su momento por consumir drogas y ser pesado. El mundo se cagó en Jorge Gonzalez por portarse como una estrella de rock.

¿Qué estamos esperando? ¿Qué se comporte como el profesor de catequesis?

Todas las bandas que conozco terminan aburriéndose del esfuerzo sobrenatural que significa mantener vivo el asunto. El platal que se va en amplificadores, baquetas, platillos y micrófonos. El agobio de la bipolaridad estrella de noche / esclavo de día.

En general el discurso de la industria apunta a la decadencia de las casas discográficas, pero eso no es cierto. Tienen que reinventarse y ya está. He trabajado con Sinergia y se que la cosa les funciona sin dependender de vender discos.

Claro, seguro los sellos recuerdan los buenos tiempos en que soñábamos con la cosa funcionando. Había millones en el aire y nada se ahorró viendo un futuro mas gris.

Una gran época. La Ley y su glamour. Los Tres sacando hasta en vinilo excelentes discos grabados sonando perfecto. Los sellos buscando bandas hasta debajo de las piedras: Christianes, Los Tetas, Ex, Tiro de gracia, el disco rojo de Lucybell, los inicios de Chancho en Piedra, el hippismo de Elso Tumbai, Nicole, la maquina de hits que era Glup, Entreklles. Programas de música Chilena, revistas. También freaks como Jano Soto, Santa Locura, Aleste o Diva.

No se que pasa. No tengo una explicación para el fenómeno.

El público se aburre, los músicos no generan mejores discos, menos publico en los recitales, mejores salas de conciertos, pero… no resulta.

No solo lo vemos esto suceder en la música.

El cine está teniendo el mismo deterioro. De hecho, he ido escuchando cada vez mas fuerte ese comentario que parecía desterrado del país: “El cine Chileno es malo”.

No hay fenómenos como antes. Apenas fríos resultados.

Lo de la cultura en la tele ni lo voy a mencionar, y meterme en el teatro me da terror. Me da lata analizar los fondos de estado y todo eso a lo que he postulado miles de veces, incluso ganándolo una vez.

El impuesto al libro, los precios de las exposiciones, el estado de los techos del bellas artes, la poesía se va de a poco a la chucha y cada vez hay menos actores culturales que nos hagan ver la salida al túnel en que nos estamos metiendo.

En todo caso, hay voces nuevas. No se puede negar.

Pero mientras nos interese más nuestro débil fútbol, la vida íntima de gente irrelevante y llenar el estadio con RBD por sobre cualquier manifestación artística estamos hasta el rábano.

Desgraciadamente, nunca hemos interiorizado esa frase que tanto nos intentaron inculcar en estos años de democracia: La cultura entretenida.