7 mar. 2008

AYER VI A: INTERPOL

TEATRO CAUPOLICÁN, JUEVES 6, 21.15



Bueno. Debo partir por decir que me cae bien el teatro Caupolicán.
Es ruidoso, medio warrior, con un techo como si nos hubiese atacado una de las naves del "día de la independecia". Suena fuerte. Aparte, se entra como por un "teatro", con palcos y hueas.
Interpol además, adecuó el asunto a un look "Turn on the bright lights".
Si en los discos son oscuros, sin mucha parafernalia y minimalismo rockero, en el escenario son... igual.
Tocan igual, se paran con un buen set de temas (todos los hits + las baladas intensas que hacen las delicias de todo el equipo de Rolling Stone, Horizonte y demases medios que comulgan expresamente su devoción a la depresión Niuyorkina - me incluyo -), sin despreocupar demasiado su primera etapa, pero basándose más en lo nuevo y más cercano a lo "amable".
El grupo es GUENO. Medio fome, pero GUENO. El concierto estaba lleno, pese a la indiscriminada oferta de conciertos de este principio de año (De Sin Banderas a Iron Maiden, pasando por Interpol, Bob Dylan, Morricone y fiestas electrónicas design. En Julio nos aburriremos otra vez).
El batero toca un kilo. La música sonaba idéntica. Había unas luces ultravioleta demasiado taquilla que hacia que la baqueta se viera muchas veces y una chica con un cartel que decía "interpol" en las galerías como en nuestro simpático festival de la ciudad jardín flourecía desde las gradas.
¿Que no me gustó nada?
La bandera de chile puesta encima, incluída en la cabeza. A lo Incubus. A lo Ricky. A lo Chris Cornell. Un clásico patrio que siempre vende.
¿Que me encantó?
Que sigan viniendo bandas ultra vigentes. Nada de refritos.